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Materiales: acrílicos y lápices de color.
Tamaño: 40 x 70 cm.

Tercera de la serie de 4 lustraciones realizadas para la exposición fotográfica “Sexo na Pedra” acerca del románico sexual, organizada por el naturalista y productor audiovisual Federico de la Peña Santos y el Museo de Pontevedra.

En esta ilustración he intentado representar algunas de las consecuencias del pecado más habituales o curiosas del arte románico. Ya vimos cómo se creaban las imágenes sexuales “de advertencia” en los canecillos románicos. Ya vimos ciertas prácticas festivas mal vistas que podían desembocar en el temido pecado. Ahora… ¿cuál era el destino de aquellos que obviaban las advertencias de la caprichosa Iglesia medieval?

Las representaciones de personas sufriendo los castigos del pecado son muy habituales en el arte de la época, ya no sólo recluídas a los canecillos sino situadas en lugares más próximos de la mirada de los fieles, como los capiteles de los pórticos o de los mismos interiores de las iglesias. Seres reptiloides mordiendo las orejas de pecadores… perros, lobos o monstruos más fantásticos devorando sus cabezas… o sencillamente hombres sufriendo entre llamas son iconografías muy típicas. Pero unas de las más curiosas son las representaciones de mujeres (que normalmente simbolizaban el pecado de la lujuria) con sus senos siendo devorados por animales, generalmente sapos o culebras:

Capitel de la parroquia de S. Bartolomeu de Rebordáns en Tui (Pontevedra). (Por cierto, espero que el impresentable del párroco de esta iglesia no quiera hacerme pagar derechos por poner esta imagen. Estos ladrones sí que deberían arder en el infierno…).

Es probable que esta representación simbólica provenga de la Tellus o Terra Mater romana, imagen “pagana” que representaba la fertilidad, y de la que la Iglesia se apropió para “cristianizarla” dándole su particular cariz negativo (como hizo con casi todo), asociándola al pecado.

Admito que, de toda la serie de ilustraciones, esta es de la que más he disfrutado dibujándola por la libertad que me concedía su tono fantástico. 😀

El dibujo en la fase de lápiz, antes de comenzar el coloreado.

Detalle macabro

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